Poemas de Kabir

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Samarcanda

Fotografía de Samarcanda – National Geographic

Abro una nueva sección dedicada a los poemas místicos de Kabir, recopilados por Rabindranath Tagore. Estos poemas han traído nueva luz a mi vida. Los he recitado como si fueran oraciones en momentos de mucha dificultad, trayéndome sosiego en momentos de grande turbación.

I

¡Oh, Servidor! ¿Dónde me buscas?
¡Mira! estoy junto a ti.
No estoy en Templo ni en Mezquita:
Ni en Kaaba ni en Kailash:
Ni estoy en los ritos ni en las ceremonias,
Ni en Yoga y las renunciaciones.
Si eres un verdadero buscador, me verás en el acto:
Te encontrarás conmigo en un solo momento.
Kabir dice: “¡Oh, Sadhur!
Dios es el aliento de todo lo que yo respiro.”

No soy amante de poner lógica en aquello que trasciende la dicotomía “lógico-ilógico”, o “racional-irracional”, categorías mentales éstas que aprisionan los cerebros de los así llamados eruditos. Pero sí me gustaría hacer algunos comentarios que en nada deben tomarse como “explicaciones”. El poema, en sí, no merece explicación. Merece que se lo cante, que se lo recite, y por sobre todas las cosas, que se lo disfrute y asimile.

Los místicos de todas las eras han sido siempre enemigos de las “formas”. Los hombres “exteriores”, es decir, aquellos que aún no han hecho un trabajo interior sobre sí mismos con el fin de despertar, se encuentran muy anclados en las formas exteriores. Los místicos apuntan a la Luna con el dedo índice. Los teólogos inventan artilugios para convencer al resto de que deben fijarse solamente en el dedo que apunta a la Luna. Eso que llaman iluminación, satori, samadhi, moksha, etc, no se encuentra en un lugar determinado; No se encuentra realizando “posturas”; No se encuentra invocando “nombres” vacíos. No hay nada que se deba “lograr”. Ésta es la mayor enseñanza de estos poetas. Ellos no hablan “de”. Ellos transmiten ese “algo”.