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Está en nosotros todo cuanto está fuera de nosotros

Porfirio (232 – 304 dc)

porfirio

¿Qué significa el precepto “conócete a ti mismo” inscrito en el templo del oráculo en Delfos? Porfirio, el filósofo neoplatónico discípulo de Plotino, nacido en la antigua Tiro, se hacía esta pregunta. Unos fragmentos suyos, de enorme valor para el amante de la sabiduría, nos permitirán adentrarnos en el significado trascendental que tenía el precepto sagrado para los filósofos neoplatónicos.

Comienza diciendo Porfirio que el precepto fue inspirado por el Dios (Apolo) y que representa, así mismo, una advertencia para el peregrino que va al Templo: El que se ignora a sí mismo, no encontrará nada, y toda imploración será en vano.

Continúa preguntándose nuestro filósofo qué significa el “conócete a ti mismo”. Quizás, afirma, equivalga a “sé templado”, es decir, “conserva la sabiduría”, porque la templanza es una especie de conservación de la sabiduría. Somos templados cuando conocemos nuestra esencia; Al conocer nuestra esencia, no nos perturban los vaivenes del mundo y ya no sufrimos por cosas inútiles. La mayoría de los mortales, en la profunda ceguera ocasionada por el afán de perseguir lo transitorio, se afligen por nimiedades, que en última instancia, son más efímeras que la propia existencia.

El hombre como tal, dice Porfirio, es un microcosmos, y conociéndose, se encamina hacia el estudio de la filosofía. Esta “filosofía” debe concebirse de acuerdo a su sentido etimológico, no como una tediosa disciplina académica a la que la han reducido los modernos y adustos escolásticos, sino como un amoroso y apasionante viaje de auto descubrimiento.

A través del precepto sagrado, se llega, por ende, a la contemplación del universo. Esta idea perenne se encuentra en las enseñanzas de sabios de diversas épocas y culturas, desde el legendario Hermes Trimegisto hasta Cornelius Agrippa y George Gurdjieff.

Continúa luego el neoplatónico diciendo lo que ya hemos puesto al inicio del artículo: “Está en nosotros todo cuanto está fuera de nosotros”. Conocerse a sí mismo conlleva al verdadero bien, a través del amor a la sabiduría, la contemplación de lo recto y al conocimiento de los seres verdaderos. “Puesto que al descender aquí abajo nos revestimos del hombre exterior y que caemos en el error de creer que lo que vemos de nosotros mismos somos nosotros mismos, el precepto conócete a ti mismo es muy apropiado para hacernos conocer las facultades que constituyen nuestra esencia”.

Seguidamente, extrae el neoplatónico algunas enseñanzas de la obra “Filebo”, de su Maestro Platón, específicamente la parte en que nos recomienda separarnos de todo lo que nos es ajeno, a fin de profundizar en nosotros mismos, conocer nuestra esencia, no atribularnos por ese envoltorio del hálito vital que es nuestro cuerpo. Lo contrario al conocimiento de sí, es la ignorancia de sí mismo. Decía el Maestro que la ignorancia de sí mismo conlleva a dos ignorancias terribles para el hombre: A ignorar la grandeza de lo eterno, de lo inmortal en nosotros; Y a ignorar la bajeza de lo exterior, de lo mudable, de los oropeles que tientan al quimérico.

Hemos hecho una pequeña disquisición del precepto sagrado de Delfos, que según Porfirio, es la llave secreta y no tan secreta que nos abre las compuertas de la morada celestial, y que nos ayuda a desprendernos de lo superfluo y buscar solo aquello que es verdaderamente valioso, con el fin de no “convertirse así en un objeto de lástima y de risa en la tragedia y la comedia de la vida insensata”

 

 

 

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