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Le Bella lectora – Leon Comerre

Seguimos disfrutando de algunos fragmentos de la Importancia de Vivir, de Lin Yutang, definitivamente, obra amiga del espíritu de esta bitácora. En el siguiente extracto, nos habla del arte de la lectura, y trata de un aspecto con el que concuerdo plenamente: Leer un buen libro es como hacer un buen viaje.

La lectura, o el goce de los libros, ha sido considerada siempre entre los encantos de una vida culta y es respetada y envidiada por quienes se conceden rara vez ese privilegio. Es fácil comprenderlo cuando comparamos la diferencia entre la vida de un hombre que no lee y la de uno que lee. El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato, con respecto al tiempo y al espacio. Su vida cae en una rutina fija… No hay forma de escapar de esa prisión. Pero en cuanto toma en sus manos un libro entra en un mundo diferente, y si el libro es bueno se ve inmediatamente en contacto con uno de los mejores conversadores del mundo. Este conversador le conduce y le transporta a un país diferente o a una época diferente, o descarga en él algunos de sus pesares personales, o discute con él una forma especial o un aspecto de la vida que el lector nada sabe… Poder vivir dos horas, sobre doce, en un mundo diferente, y restar los pensamientos al reclamo del presente inmediato es, claro está, un privilegio que deben envidiar las personas que están encerradas en su prisión corporal. Tal cambio de ambiente es en verdad similar a un viaje, en su efecto psicológico.

Pero hay más que esto. El lector se ve llevado siempre a un mundo de pensamientos y reflexiones. Aunque se trate de un libro de hechos físicos, hay una diferencia entre esos hechos en persona, o vivirlos, y leer sobre ellos en los libros, porque entonces los hechos asumen siempre la calidad de un espectáculo y el lector se convierte en un espectador desapasionado. La mejor lectura es, pues, la que nos lleva a este mundo contemplativo, y no la que se ocupa solamente del registro de los hechos. Considero que no se puede llamar leer a esa tremenda cantidad de tiempo que se pierde con los diarios, porque los lectores comunes de diarios se preocupan sobre todo de obtener noticias sobre hechos y acontecimientos…

La lectura da al hombre cierto encanto y sabor, y solo puede llamarse arte a la lectura con este objeto. No se lee “para mejorar el espíritu”, porque cuando se comienza a pensar en mejorar el espíritu o la mente, desaparece todo el placer de la lectura. Estas son las personas que dicen: “Debo leer a Shakespeare, y debo leer a Sófocles, y debo leer a Cervantes, para ser un hombre culto”. Estoy seguro de que un hombre así no será culto jamás. Una noche se forzará a leer Hamlet de Shakespeare, y saldrá de ello como de un mal sueño, con el único beneficio de poder decir que ha “leído” Hamlet. Todo el que lea un libro con sentido de obligación es porque no comprende el arte de la lectura. Este tipo de lectura con fines de negocios es igual a la lectura de los archivos y antecedentes, por un político, antes de pronunciar un discurso. Es apenas pedir consejo e información de negocios, y no leer.

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