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Shishkin - juntando hongos

Shishkin – juntando hongos

Hay veces en que las manifestaciones de la naturaleza enseñan más que cualquier libro. El viento, por ejemplo. Hay distintos vientos que producen diferentes estados de ánimo ¿No hay brisas intensas, acaso, que viniendo de lejanas tierras, traen remembranzas de épocas pasadas? ¿Acaso no hay ráfagas de melancolía, que nos hieren, que nos lastiman? ¿No nos dicen, por ventura, esos árboles meneando, esas hojas suspirando, que todo es transitorio, mudable e inconstante?

Shishkin - Bosque

Shishkin – Bosque

La natura, como hemos dicho, nos enseña muchas cosas, pero para recibir estas enseñanzas hay que estar abiertos, dispuesto el ser entero a ellas. Pero a veces estamos ahítos orgullo y de ceguera, que preferimos escuchar voces menos sutiles y más groseras, contentos con la ciénaga, y tomando como bienes reales elementos que no son sino ilusorios, y que suponen un constante sacrificio de nuestra parte más elevada. Escuchemos el Canto de Höderlin:

Shishkin - Centeno

Shishkin – Centeno

Fuera de los perfumados pastos de la orilla, el hombre se atreve en el agua sin flores, y nada logra que su jardín se llene de dorados frutos, igual que las estrellas que hay.

Hace grutas en los montes, revisa sus entrañas. Fuera de la juvenil luz paterna, no es fiel al Sol, que odia lo servil y se ríe de las inquietudes. Las aves del bosque respiran con libertad, pero el pecho humano se llena de orgullo.

Y él, que piensa el futuro lejano, también ve la muerte y es el único que teme. En su vanidad siempre suspicaz, el hombre se arma contra lo que respira y se consume en continuas luchas. Así, la frágil flor de su paz, no florece para él por mucho tiempo

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