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Existe, en ciertos espíritus, una intuición profunda, que solo anhela infinidades y aborrece los límites; Desea un ojo penetrante, para ampliar los estrechos horizontes de los sentidos; No acepta del todo la Medición del Mundo con arreglo a los simples pareceres del hombre medio.

Leighton -un niño defendiendo a un bebé de un águila

(Un niño defendiendo a un bebé de un águila, de Frederic Leighton)

Tal pensamiento se encuentra felizmente expresado en la Aurora de Nietzsche, en el aforismo 117, “En la Cárcel”.

El ojo, sea perspicaz o débil ve más que hasta cierta distancia. Veo y obro dentro de un espacio limitado y la línea de ese horizonte es mi más próximo destino, grande o chico, del cual no puedo escapar. Alrededor de cada ser se extiende un círculo que le pertenece. Medimos el mundo con arreglo a estos horizontes en que nuestros sentidos nos encierran, diciendo: Tal cosa está cerca, tal otra lejos, ésta es grande, aquélla pequeña, dura la de allá, blanda la de acá. Llamamos sensación a esta manera de medir, ¡y en sí todo es un error!

Con arreglo al número de acontecimientos y de emociones que fueron, por término medio, posibles para nosotros, medimos la vida, conceptuándola breve y dilatada, rica o pobre, fecunda o estéril, y con arreglo al término medio de la vida humana medimos la de todos los demás seres, ¡Y todo es error en sí!

Si tuviéramos ojos cien veces más penetrantes para las cosas próximas, el tamaño del hombre nos parecería enorme. Se pueden imaginar órganos, por medio de los cuales el hombre nos representaría inconmensurable. Por otra parte, ciertos órganos podrían estar formados de manera que redujeran y amenguaran sistemas solares enteros hasta hacerles semejantes a una sola célula, y a seres de conformación inversa una célula del cuerpo humano podría representárseles como un sistema solar en construcción, su movimiento y su armonía. Los hábitos de nuestros sentidos nos envuelven en un tejido de sensaciones mentirosas que son la base de todos nuestros juicios y de nuestro entendimiento. No hay salida, no hay escapatoria, no hay atajo alguno hacia el mundo real. Estamos en nuestra tela como la araña, y sea lo que quiera que cacemos, no podrá ser nunca más que aquello que se deje enredar en la tela.

rowland wheelwright - verano

(Verano, de Rowland Wheelwright) 

Si tuviéramos esta poderosa visión la vida nos sería mucho más rica y sorprendente. Y quizás la tengamos dentro nuestro, a modo de un tercer ojo al que sea preciso despertar. Y una vez despierto, los pretenciosos actos humanos han de parecernos fútiles, mientras que nos será de más importancia actos como la de seguir el trayecto de una mariposa. 

 

 

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