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¿Qué hacer cuando nuestra vida se convierte en un tejido de costumbres aburridas? Miramos al cielo, pero no contemplamos su belleza. Ansiamos la noche, pero no para ver las estrellas sino para ahogarnos en la almohada. Todo pierde sentido cuando dirigimos nuestro enfoque a cuestiones que creemos que son trascendentales, pero que no lo son. Y estas cuestiones, muchas veces nos obligan a doblegar la cabeza y a trabajar duramente con el afán de poseer más y más cosas. Nos dijeron que eso era lo más importante que debe buscar una persona en la vida. No nos han dicho que algún día tendríamos hambre de trascendencia. No nos han dicho que algún día se nos aparecería el Hastío con el rostro de una bestia feroz, dispuesto a devorarnos. Vivimos por y para el Ego.

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(Watteau – Los placeres del baile)

Ha habido tantos pensadores, místicos y religiosos que han abordado estas cuestiones, planteando, más o menos con palabras diferentes, respuestas similares. El que me viene ahora mismo a la mente es precisamente el que ha suscitado en mí, ahora mismo, estos pensamientos. Se trata de Rabindranath Tagore, cuya pequeña obra “El Camino Espiritual” tengo ahora mismo entre manos.

Nos dice Tagore: “Ese orgullo del ego, esos apetitos insaciables, esa vanidad de poseer, esa alienación del corazón, constituye la envoltura que nos ahoga”. Ciertamente nuestras mayores amarras son el Orgullo, los apetitos, la vanidad. Todo eso nos aliena y nos envuelve en un mar de hastío insoportable. Creemos, con estos vicios, llegar lejos, cuando el dinero, el poder o la fama nos saludan. Pero éstos, cual dioses caprichosos, exigen sus altares y sus respectivos sacrificios. Y cuando los exigen, muchas veces ya resulta demasiado tarde dar marcha atrás.

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(Isabella – Everett Millais)

Continua Tagore: “En el pecado aspiramos a los placeres, no porque sean verdaderamente deseables, sino porque así lo parecen a la trémula claridad de las pasiones”.

“Somos miserables porque somos criaturas del ego, del ego intransigente y estrecho, que no refleja luz alguna, que permanece ciego ante el infinito. Nuestro ego resuena con sus propios clamores discordantes”.

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(Watteau – El Indiferente)

Y concluye así: “Mientras no hayamos alcanzado la armonía interior y la totalidad de nuestro ser, nuestra vida será una existencia puramente tejida de costumbres”.

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(Retrato de John Rushkin – Everett Millais)

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