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No podemos estar ajenos a la incipiente búsqueda de aquello que fue anhelado durante largo tiempo: La imperturbabilidad. Lo imperturbable fue siempre el objetivo de los grandes filósofos, poetas y místicos desde todos los rincones de la tierra; Alzarse sobre los problemas del mundo, sobre los vaivenes de la cotidianeidad, sobre aquello que nos parece tan necesario e importante pero no es más que superfluo. Una de las características del sabio es que considera como fútil lo que el resto valora más, como los bienes materiales y la falsa seguridad económica y social basada en el prestigio, en los cargos y honores.

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(Un filósofo en meditación, de Rembrandt)

Sobre la búsqueda de lo inquebrantable han hablado tantas voces, que nos han mostrado diversos senderos por recorrer y llegar a esta noble meta. Ahora nos toca echar un vistazo a los estoicos, específicamente a Séneca, quien en su diálogo “La Constancia del Sabio”, nos ha descrito con mucha ecuanimidad y elocuencia en qué consiste esta imperturbabilidad.

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(San Jerónimo, de Van Dick)

Invulnerable es no lo que se hiere sino lo que se quebranta; Por esta señal te mostraré al sabio. ¿Es dudoso acaso que la fuerza que no es vencida sea más cierta que la que no es atacada? Porque son dudosas las fuerzas aún no experimentadas, mientras que con razón se tiene por ciertísima la firmeza que rechaza todo ataque. Así juzga tú por de mejor calidad al sabio al que no ofende la injuria que al que ninguna se le hace. Yo llamaré fuerte al varón que no abaten las guerras, ni le atemoriza la fuerza que mueve el enemigo, no al que lleva un ocio descansado entre pueblos desidiosos. Lo que digo es, pues, que el sabio no está expuesto a ninguna injuria y así no importa que le disparen muchas flechas, porque a todas es impenetrable. Así como la dureza de ciertas piedras es inexpugnable al hierro, y ni el diamante puede herirse, cortarse y mellarse, sino que inmediatamente rechaza lo que le ataca; Así como hay ciertas cosas que no pueden consumirse con el fuego, sino que rodeadas por las llamas conservan su entereza y forma; Así como los altos escollos quiebran la furia del mar y azotados por él durante tantos siglos no conservan huella alguna de su crueldad; Así es también de sólido el ánimo del sabio y ha reunido tanta fuerza que está tan libre de la injuria como las cosas que he referido.

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(Busto de Séneca)

Nos engalana Séneca con tan bellas metáforas y comparaciones, para mostrarnos cómo es el sabio ante la adversidad. Para nosotros, los modernos, que tan acostumbrados estamos a enfocar nuestra mirada sobre lo aparente, tal cosa nos resulta imposible. Pero para aquellos, como decía Platón, que alzan la mirada hacia la contemplación de la Verdad, cuyas almas se encuentran embebidas de lo eterno e inmutable, ser como la roca inexpugnable al hierro, o como el diamante que nunca se mella, quizás sea algo posible.

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