Esos profundos versos que escribes,

No te dará de comer mañana.

Este tortuoso camino que eliges,

Quizás venga con una gloria lejana.

No te dará un bienestar momentáneo,

Sino incomprensión de los demás.

Deseará la realidad aplastarte el cráneo,

Para que de su sendero no te salgas más.

Serás un nuevo Ícaro, incinerado,

Que en funesto y ansioso arrebato,

Extendió sus alas al éter anhelado,

Siendo el protagonista de un trágico Acto.

Para tu familia, un Paria serás,

Una pesada carga económica.

Conocimientos prácticos nunca tendrás,

Ya que tu alma es puramente poética.

Te fastidiarán con estudios aburridos,

O te impondrán un trabajo deleznable.

Sus voces serán molestosos ruidos

Que perturbarán tu música agradable.

Es en la Jaula de la Normalidad,

Donde ellos ansían verte encerrado.

Con las cadenas de la siniestra Seguridad,

Desean tenerte maniatado.

Si tu llamado a ser Poeta es débil,

Sucumbirás ante las nefastas rejas.

No serás más que un empleado estéril,

Que simbolizará tus fruncidas cejas.

Debes aceptar como un mandato divino,

Tu implacable destino poético.

Al no recorrer ese sinuoso camino,

Tu futuro será tristemente patético.

¡Cierra tus ojos, hermano mío,

Al canto de Sirena de la Mediocridad

Que llena tus entrañas de Hastío,

Y seca el vital líquido de la creatividad!

Serás condenado por la Sociedad,

Portando el sambenito de la Maldición.

Tendrás como compañera a la Soledad,

Mientras la pobreza será tu expiación.

Tus versos no te darán de comer mañana,

Pero esculpirán el mármol de la Posteridad.

Grabarán en bronce tu proteica hazaña,

Y tus palabras será el canto de la Eternidad

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